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Celebración del día internacional del Alzheimer

El centro Divino Maestro de la Fundación San Rosendo acogió en la víspera del Día del Alzheimer una jornada a la que asistieron el presidente de la entidad, José Luis Gavela, y el obispo, Leonardo Lemos
El hall del centro Divino Maestro de la Fundación San Rosendo recibe a los visitantes estos días vestido de gala, decorado con una exposición de trenes realizada por trabajadores y usuarios en torno al Día del Alzheimer, que se celebra este sábado bajo el lema «Evolución». La residencia vivió este viernes una jornada festiva para conmemorar la fecha, que contó con la participación del presidente de la Fundación San Rosendo, José Luis Gavela, y el obispo de Ourense, Leonardo Lemos Montanet.

Ambos compartieron la mañana con los mayores y trabajadores del centro, cuyo 60% está diagnósticado de esta enfermedad. «Desde la Fundación trabajamos en esa evolución, en adaptarnos a las personas con Alzhéimer, a lo que realmente fue antes su vida», explicó Gavela. Los trabajadores de San Rosendo, a través del Proyecto Experiencia Activa impulsado por la Fundación y La Región con el apoyo de Inditex, trabajan en el Banco de Lembranzas, una propuesta que permite conocer la historia de vida tras los mayores. «Queremos saber cuáles eran las cosas que les gustaban para poder aportar nuestro granito de arena en el trato del alzhéimer», destacó el presidente. Conocer su pasado es clave para ofrecer una atención personalizada y dirigida de forma específica a cada mayor. «La Iglesia tiene que estar presente allí donde los rostros de la Iglesia están sufriendo, aunque a veces no sepan porqué, como en el caso de aquellos que han perdido su conciencia», señaló el obispo, Leonardo Lemos.

Evolución

El número de usuarios del centro Divino Maestro con enfermedades neurodegenerativas ha crecido en los últimos años, según explica la directora del centro, Mónica Pereiro. «A través de los trenes de la exposición queremos reflejar su evolución y cómo se han ido adaptando a nuestras necesidades, del mismo modo que nosotros nos adaptamos a las de los mayores», dijo Pereiro.

Los trabajadores se implican en adaptar la oferta de actividades a cada usuario: «Nosotros personalizamos las propuestas, si a una residente le gusta hacer puzzles los hace, si prefiere pintar, pintará… Tenemos que trabajar sobre sus preferencias». El salón principal ofrece diversas opciones lúdicas, por lo que, aunque los usuarios comparten espacio, cada cual está entretenido con aquella actividad que prefiere, desde lectura hasta pintura o juegos de cartas, entre otras.

Banco de lembranzas

La educadora Sonia Prado trabaja con los usuarios sin afectación neurológica en el Banco de Lembranzas, una herramienta que permite conocer a cada mayor. Carmen Gómez es una de las residentes participantes, que recuerda sus primeros años de juventud, su boda o su viaje a Venezuela, cuando emigró. «Fuimos en barco treinta días, íbamos solo gallegos y portugueses, nos lo pasamos muy bien», explicó Gómez. «La idea es que si con los años hay deterioro cognitivo podamos usar estos recuerdos para trabajar con los usuarios y con sus familias», apunta Prado.

“Estou moi agradecida»

En la jornada del viernes también estuvieron presentes familiares de varios usuarios, como Julia Alonso, hija de una residente. «Estou moi agradecida do ben que tratan a miña nai», reconoció Alonso frente a los trabajadores del centro.

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